Misiones · Guinea-Conakri

Conakri

La República de Guinea, en África Occidental, tiene diez millones de habitantes y un 92 % de musulmanes. Allí, un ex príncipe musulmán y una misionera bahiana plantaron una iglesia.

Joven con pañuelo rosado sonriendo, Guinea-Conakri

Un país bajo fuego cruzado

El tránsito es absolutamente caótico; la falta de luz y agua es frecuente; las carreteras, pésimas. Señalado por la ONU como uno de los países más corruptos del mundo, vive una agresividad mutua en la que las luchas étnicas matan y destruyen.

La iglesia cristiana permanece bajo fuego cruzado, en un país donde un 0,3 % de cristianos vive entre musulmanes y animistas. Pero, entre todos los obstáculos, Mohamed Keita y Tânia Bonfim entregaron su vida por esta causa: proclamar el Evangelio de la paz y del amor a Guinea-Conakri.

Mohamed y Tânia

Un príncipe que se convirtió

Mohamed, de linaje real, tenía una pequeña farmacia en Quebo, Guinea-Bisáu, y le iba bien en los negocios. Cuando un equipo de la misión llegó a la aldea, él empezó a venir todos los días a conversar, especialmente sobre el supremo propósito de Dios. Cada día estaba más convencido de que el verdadero profeta es Jesús. Allí conoció a Tânia, misionera bahiana, “llena de Jesús”.

“Primero me enamoré de aquel Jesús que yo veía en Tânia, y solo más tarde de ella misma. Me sentí acorralado por las evidencias y entregué mi vida a Él”, cuenta Mohamed. Su bautismo fue el primer gran escándalo en la ciudad; la familia se quedó con sus bienes. Pedir la mano de Tânia fue el segundo.

Recién casados, empezaron la misión en Guinea-Conakri, donde él enfrentó dificultades con su propia familia, pues es hijo de un jefe de aldea. En pocos meses, viviendo por fe, más de treinta personas aceptaron a Jesús. Los primeros discípulos fueron formándose y fortaleciéndose, aunque muchas veces los expulsaran de los lugares de reunión por ser cristianos.

Mohamed Keita, Tânia Bonfim y su hijo sentados en el sofá
Mohamed, Tânia y su hijo.

La iglesia

“¡Yo me quedaré, porque Jesús está aquí!”

La iglesia en Conakri enfrenta dificultades enormes: falta de empleo, persecución y, en tiempos recientes, epidemias en un país con una atención de salud extremadamente precaria. El terreno adquirido necesitó limpieza y construcción; con solo el piso de tierra, una lona y cada uno trayendo su silla o su banca, allí se reunía la iglesia, con incomodidad, pero llena de alegría por el comienzo de un nuevo tiempo.

Formô, primer discípulo y pastor, sabe que algunos tal vez desistan, pero le proclamó a Mohamed: “¡yo me quedaré, porque Jesús está aquí!”.

Con las ofrendas se compraron los primeros materiales para empezar la construcción básica. ¡Pero la iglesia ya está allá! Y las dificultades han acercado a estos amados hermanos unos a otros y al Señor Jesús. Queda el desafío de continuar siempre.

¿Quiere ayudar a Guinea-Conakri?

La construcción del templo y el sustento de los discípulos dependen de ofrendas que llegan por la misión.