Siegfried Zilz carga en brazos a un niño pequeño, a la orilla de un camino de tierra, con palmeras al fondo

En memoria

Pr. Siegfried Rudy Zilz

23 de octubre de 1933 — agosto de 2026

Fundador de la Misión A Fim de Proclamar. Pastor, traductor, constructor de puentes, y, en la firma de todos sus mensajes, solo un nombre al lado de “uma fantástica equipe de apoio”.

Un pastor de Porto Alegre

Siegfried Rudy Zilz nació el 23 de octubre de 1933. Pastor brasileño, descendiente de alemanes, casado con Irma, padre de cuatro hijos y abuelo de muchos nietos, vivió en Porto Alegre, en el barrio Cristo Redentor, en una casa que por muchos años fue también la oficina central de la misión: el teléfono sonando, correos de varios países, encomiendas llegando con medicinas, vacunas, instrumentos musicales y quirúrgicos, ropa y computadores.

Aunque su nombre fuera germánico y mitológico, como escribió un periodista de la revista Impacto que lo visitó en 2007, él era “bien brasileño y bien real”. “Todos los miembros de su familia están comprometidos con el Señor Jesús”, registró el mismo reportaje.

El llamado

Las palabras de un prisionero

A comienzos de la década de 1980, por invitación de la Misión Puertas Abiertas, Siegfried sirvió de intérprete a un pastor siberiano de origen alemán que vino a testificar en iglesias de Brasil. Aquel hombre habló de sus más de veinte años en una prisión a causa de la fe y de los sufrimientos de la iglesia perseguida. Escuchando e interpretando aquellos mensajes, Siegfried escuchó también el llamado del Señor a hacer algo en favor de las iglesias perseguidas y de los misioneros en zonas difíciles.

En septiembre de 1981 hizo el primer viaje con Puertas Abiertas a Mozambique (llevando auxilio al Pr. Celso Prado y a la misionera Valnice Milhomens, sin registro fotográfico, bajo un gobierno comunista) y volvió en 1982, ya como líder de equipo. Ese año recibió al Hermano Andrés, fundador de Puertas Abiertas, en Porto Alegre. Pasó por el Transiberiano y por Moscú, y llegó a ocupar cargos de dirección en la misión, a la que llamaba su “alma mater”.

Cinco fotografías de Siegfried Zilz a lo largo de los años: predicando, a la mesa, sentado al aire libre, de pie con la cámara y, por último, sonriendo entre niños
A lo largo de los años.

Cuba, 1984

Puente de amor

En 1984 llevó el primer equipo de brasileños a Cuba. Allí conoció de cerca a la iglesia, no solo la sala de visitas, sino “la cocina, la despensa y el baño”, y entendió que había que hacer más que llevar Biblias. Nació la Misión A Fim de Proclamar: ayudar, con lo que fuera posible, a los obreros que están en el frente de batalla.

Fueron más de cincuenta viajes a Cuba junto a la Liga Evangélica de Cuba, y más de 150 voluntarios brasileños en 25 años, algunos presos o expulsados a causa de la obra. El recibo de la aduana cubana, del 26 de septiembre de 1984, con las 24 Biblias decomisadas en el primer viaje, quedó guardado en la historia de la misión, junto con el recuerdo de una predicación atrevida que costó una deportación. Cada viaje empezaba con la preparación de los nuevos, el equipaje lleno (una guitarra para dejar allá, Biblias, provisiones, instrumental hospitalario, repuestos) y la instrucción de depender del Señor en todo.

“Siegfried, hermano: dile al tiempo que tu sueño ha sido más grande que la nieve que ha dejado en tus cabellos. Dile a los obstáculos que tu pasión no se enredó en sus redes. Dile a tu fuerza, si decae, que nada ha sido en vano — que tu siembra tendrá pastores y templos, predicadores y hermanos, sonrisas de gente humilde y corazones de amor abrigados. Y dile a Cuba que volverás otra vez, querido hermano.”

Homenaje recibido en Cuba, octubre de 2005

En su propia voz

Puentes de Amor

Puentes de amor, uniendo pueblos, razas, naciones.
Puentes que unen corazones,
puentes que abrazan generaciones.
Puentes que unen fronteras,
rompiendo odio, pecado, barreras,
a partir del “id” en Jerusalén,
Judea, Samaria y yendo más allá.
Llevando la Palabra hasta los confines de la tierra,
por los puentes del amor de Dios.
Puentes hechos de gente.
Gente que lleva la semilla.
Semilla que muere al dar vida:
vida de amor y de urgencia,
porque pronto la gracia se cierra.
Puentes, puentes, muchos puentes de amor:
llevan a la ida lágrimas, amor y salvación;
traen a la vuelta bendiciones, alegría,
gratitud.

Siegfried Zilz, poema “Pontes de Amor”

Video

“Pontes de Amor”, en la voz de Siegfried

El poema que le dio nombre a su manera de trabajar, recitado por él mismo. Una frase suya: “A Fim de Proclamar: del otro lado de la calle, y del otro lado del océano.”

Más videos de la misión

África

Iemberém y Conakri

Después, el clamor del otro lado del océano. En Guinea-Bisáu, con la familia Feistler, la misión ayudó a construir y sostener un pequeño hospital, una escuela y una iglesia en la aldea de Iemberém. En 2007 organizó el envío de un contenedor de material hospitalario, que él mismo se dispuso a acompañar. En uno de los viajes, en 2005, atendió él mismo un parto en el pequeño hospital, y la madre le puso a la niña el nombre de Irma. “Cuando ella me pidió que no cortara todavía el cordón umbilical, para que los espíritus de los antepasados pasaran por él, yo le dije que el Espíritu Santo ya había pasado, e inmediatamente lo corté.”

Fue en Quebo, Guinea-Bisáu, donde conoció a Mohamed Keita, un musulmán de linaje real que empezó a venir todos los días a conversar “sobre el supremo propósito de Dios”. Siegfried conversó con él por horas. Mohamed se convirtió, se casó con la misionera Tânia y se fue con ella a Guinea-Conakri, a predicar a su propio pueblo, y la misión extendió el brazo de amor también hacia allá.

Siegfried Zilz sentado en la rama de un árbol junto a un amigo africano, los dos sonriendo
África.

En sus palabras

“No sabemos lo que Dios tiene reservado, pero vemos que Él está cuidando de todos los detalles.”

Así concluyó Siegfried, en el reportaje de Impacto, el relato sobre la conversión de Mohamed Keita. Es una buena síntesis de la manera en que trabajó por más de cuarenta años: atento a los detalles, confiando en el Dueño de la siega, y siempre en equipo.

Consciente de la importancia de quienes se disponen a arremangarse, terminaba todos sus mensajes con la misma firma: “Siegfried Zilz e uma fantástica equipe de apoio”.

A los 89 años, en casa, todavía citaba de memoria la promesa que lo sostuvo: “Y hasta la vejez yo mismo, y hasta las canas os soportaré yo; yo hice, yo llevaré, yo soportaré y guardaré” (Isaías 46:4). Ingrid Hort, secretaria de la misión por muchos años, lo describió como “un anciano con corazón joven cuando habla de Jesús y de Misiones”. Partió para estar con el Señor en agosto de 2026, a los 92 años. Deja a su esposa, Irma, a los cuatro hijos y a los nietos. Y deja puentes en cuatro naciones.

Despedida

“Eterna gratitud”

El homenaje publicado por la misión el 19 de agosto de 2026: “Eterna gratidão e amor. Muitas são as flechas enviadas ao mundo. Tua secretária, querido Papi, uma serva, nada mais!” (Ingrid Hort). Las historias de los puentes que él construyó están también en el libro “Pontes de Amor”, de Ingrid Hort (Editora Faith, 2019).

Canal de la misión en YouTube

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